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Cien años de Elisabeth Kübler-Ross: lo que nos enseñó sobre el dolor y el amor

Cuando un ser querido muere, pocas cosas duelen tanto como no saber qué hacer frente a esa ausencia. Elisabeth Kübler-Ross, cuyo centenario de nacimiento se recuerda este mes, dedicó su vida a estudiar y acompañar ese proceso que cada familia atraviesa de manera distinta. Sin embargo, hay algo común a todas las experiencias: quienes las viven necesitan espacio para expresarse, una red de contención y mucha compasión. En Casa Khuyana, su pensamiento sigue orientando la manera en que entendemos el cuidado y el duelo.

A un siglo de su legado, una de sus ideas más liberadoras y  con total vigencia fue que el duelo tiene su propio tiempo. Las emociones aparecen y cada persona las vive con una intensidad y un ritmo propios. Llorar semanas después de la muerte de un hijo, sentir alivio en medio de la tristeza o enojarse sin saber bien con quién son expresiones profundamente humanas, válidas y esperables. Kübler-Ross entendía el duelo como un territorio personal que se recorre con paciencia, y esa mirada sigue siendo una de las más compasivas que la psicología ha ofrecido a las familias que atraviesan una pérdida. Permitirse sentir, en lugar de apresurarse a superarlo, también es una forma de cuidarse.

Otra recomendación que nace del pensamiento de Kübler-Ross en el abordaje del duelo es que la presencia transforma. Para quienes rodean a una persona en duelo, estar, escuchar y sostener la mano de quien sufre tiene un poder sanador. Para quienes atraviesan la pérdida, abrirse a recibir ese acompañamiento, tanto de seres queridos como de profesionales, puede aliviar una carga que suele vivirse en silencio. Compartir el dolor con otras personas que han atravesado experiencias similares ayuda a sentirse sostenidos en un camino que, aunque único e intransferible, puede recorrerse en compañía.

Una de las enseñanzas más conmovedoras de su legado es que el amor persiste después de la muerte. Los vínculos se transforman y permanecen en los recuerdos, en los gestos cotidianos heredados y en la manera en que seguimos hablando de quienes ya no están. Reconocer esa continuidad del vínculo puede ser, para muchas familias, un sostén en los momentos más difíciles. El amor que precede a una pérdida sigue habitando el corazón de quienes quedan, y honrarlo también forma parte del duelo.

A cien años de su nacimiento, Elisabeth Kübler-Ross sigue latente en quienes mantienen viva su mirada y en su obra.  Para quienes deseen acercarse a su pensamiento, recomendamos “Sobre la muerte y los moribundos” (1969), el libro que abrió la conversación global sobre el final de la vida, así como “Sobre el duelo y el dolor” y “Lecciones de vida”, ambos escritos junto a David Kessler.

En Casa Khuyana comprendemos que el cuidado abraza también a quienes han amado y continúan amando después de la partida de un hijo o de otro ser querido. Acompañar el duelo con presencia, paciencia y escucha es una forma necesaria de cuidar.

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