Septiembre representa, para el hemisferio sur, el mes de la primavera. Transitarlo en el bellísimo entorno de Casa Khuyana es un privilegio y también una enorme oportunidad para conectarnos con los recursos que nos brinda la naturaleza.
En ese camino, Silvia Ochoa, psicóloga y especialista en Terapia Hortícola y Ecopsicología, parte de las cosmovisiones de las culturas amazónica y andina. Desde ellas, la comprensión de que somos parte de la naturaleza habilita un recorrido de menos ilusión de control y más apertura hacia el misterio. “Solemos imaginar que nuestro destino está trazado, que vamos a llegar a viejitos Hay que reacomodar este imaginario, y mirar la naturaleza ayuda a entender los ciclos de nacimiento, vida y muerte”, plantea.
Para los niños en proceso final de vida y sus familias, esta percepción puede acompañar la transición. Hay flores, por ejemplo, que viven un día y otras que lo hacen durante varios meses. “Nuestra gracia puede ser que nos haya tocado la flor de un día. Cuando se entra en contacto con lo que brota y se va renovando, se posibilita aceptar el cambio no esperado”, explica Silvia.
Cultivar la presencia en cada instante se vuelve especialmente importante cuando aparece una enfermedad, para afrontar de alguna manera la sensación de urgencia. “Que la conciencia de la familia de lo que se no se puede hacer no se coma lo que sí está al alcance”, destaca. Escuchar, acariciar con respeto por el cuerpo del otro, cuidar a quienes cuidan, permitirse darle espacio a los sentimientos que van apareciendo, son acciones que contribuyen al bienestar.
La naturaleza ayuda a regular el estrés. Por eso, propuestas como armar un jardín terapéutico en familia o plantar juntos algunas semillas son formas sencillas y reparadoras de compartir y crear. También organizar collages con los distintos elementos que haya a mano: piedritas, ramitas, hojas, flores, puede convertirse en una oportunidad para crear, jugar y conectar. “Es un trabajo muy noble y hermoso el que realiza Casa Khuyana, en medio del Valle Sagrado, rodeado de Apus protectores”, agradece Silvia.
Y desde aquí, en Casa Khuyana, continuamos construyendo ese espacio de cuidado, con el compromiso de acompañar a nuestros niños desde el amor, sosteniendo su mano y también la de sus familias, durante todo el tiempo que sea necesario.