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La historia de una madre que acompañó a su hijo en el momento más trascendental de su vida

Joselito amaba bailar. Su abuela le ponía huaynos y él enseguida empezaba a mover su cuerpo como lo marcaba el ritmo. “Era muy alegre. Como sabíamos que le gustaba bailar, siempre le poníamos canciones”, describe Rosalyn Polanco. Esa música y la sonrisa con la que acompañó a su hijo se trasladó a cada uno de los lugares donde fue atendido hasta cuando falleció, a sus 3 años. En el Mes de la Madre, desde Casa Khuyana resaltamos su historia, colmada de lucha, amor y cuidados para su niño hasta el momento final de su vida.

Desde que se enteró del diagnóstico de su niño, Rosalyn y su familia agotaron cada instancia médica disponible y hasta recolectaron fondos para viajar a España por una mejora. Cuando entendió que no había curación posible, se prometió evitar que su hijo sintiera soledad o abandono en el trayecto tan trascendental que le tocaba vivir. “Toda madre que pasa por esta situación tan triste siente mucha impotencia de no poder hacer más nada. Sin embargo, pude comprender que el tiempo en que nuestro Joselito iba a estar con nosotros era importante hacerlo feliz”, recuerda, a dos años de su partida.

Así lo hicieron. Festejaron cumpleaños, compartieron música, caricias y risas con Joselito. Hasta le enseñaron los números con las cuentas de un rosario que le obsequiaron los sacerdotes del hospital español donde transcurrió sus últimos días. El niño atravesó feliz todo lo que le tocó vivir mediante cuidados paliativos pediátricos para aliviar el dolor y los síntomas, y la presencia reconfortante de su mamá, su papá y sus dos hermanos mayores. Hasta el momento del ‘hasta luego’: “Se fue con una sonrisa porque estaba con nosotros”.

Esa es la filosofía que Casa Khuyana lleva al hospice pediátrico que construye y que es el primero del país: brindar cuidado amoroso, atención integral y bienestar personalizado a niños que reciben un diagnóstico médico terminal y a sus familias, porque es su derecho celebrar la vida aún en su despedida. 

“Pudimos estar con él dos noches en España. Al tercer día a la mañana, su corazón dejó de latir. Estuvimos con mi esposo tocándole el pulso mientras él se iba”, relata Rosalyn. Aunque la emoción es enorme, el legado es haberlo dado todo por el bienestar de su niño y compartir cada paso con él como una familia contenedora. “Estoy agradecida de que mi hijo haya podido partir de esa manera”, destaca.

Para que el hospice pediátrico pueda recibir a los primeros niños con diagnóstico médico terminal y brindarles una experiencia amorosa como la que pudo vivir Joselito, Casa Khuyana lanzó la campaña “Padrinos que acompañan”, a través de la que toda la comunidad puede brindar una donación mensual no mayoral costo de una cena para dos personas. Utilizar el monto de una noche de esparcimiento para acompañar a estos niños y sus familias puede hacer la diferencia.

Cuando el tiempo de vida no se puede prolongar, en un hospice pediátrico es posible que los niños transiten el tiempo que les resta de la forma más amorosa y armoniosa posible. Para lograrlo por primera vez en Perú, Casa Khuyana trabaja a diario y espera el compromiso y acompañamiento de todos.

 

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