Cuando empezamos a soñar Casa Khuyana, entendimos que nuestro compromiso era con la vida de los niños que lleguen a nuestro hospice pediátrico, para brindarles la mayor alegría, bienestar y normalidad posibles. Nuestro trabajo parte de un punto de partida: la niñez es un momento común a todas las personas, por eso, aunque quienes recibamos estén atravesando su proceso final de vida, deben jugar y tener experiencias como cualquier otro niño.
Por eso, entre los 3300 metros cuadrados que componen nuestro hospice pediátrico hay un espacio que funciona como ludoteca y biblioteca, para que los niños que reciben cuidados paliativos pediátricos puedan disfrutar de la cualidad por excelencia de la niñez: jugar. Con colores, libros, juguetes y computadoras, podrán estimular su imaginación e interactuar con sus pares, familiares y el equipo de Casa Khuyana.
“Algunos tienen una expectativa de vida más corta y otros más larga, pero finalmente, son niños. Hay que adaptarse a la etapa de desarrollo en la que ellos están viviendo. Pueden ser bebés que necesiten la compañía y la estimulación de su mamá, o niños más grandes que disfrutan de actividades como pintar o jugar con rompecabezas», nos explica Virginia Garaycochea Cannon, que es médica pediátrica, magister y capacitadora en cuidados paliativos pediátricos. Ella, junto a otros especialistas, es parte del Comité Técnico de nuestra asociación civil, que prepara el modelo de atención del hospice pediátrico.
Garaycochea destaca que el juego y la interacción lúdica no sólo son esenciales para el desarrollo infantil, sino también para ofrecer una sensación de normalidad y alegría en medio de las dificultades. «Para los niños, el juego es una forma de conectarse con el mundo y con las personas que los rodean. Pintar juntos, jugar con plastilina o simplemente compartir momentos de risa ayuda a hacer que su vida, aunque breve, sea lo más rica y plena posible”, considera.
En este Día del Niño y siempre, es crucial recordar que la atención paliativa pediátrica no solo se trata de gestionar el dolor y los síntomas de la enfermedad, sino de enriquecer cada momento de vida con amor, cuidado integral y dignidad. Casa Khuyana marca un hito en los cuidados paliativos de Perú por ser el primer hospice en recibir a niños con diagnóstico médico terminal y a sus familias, y brindarles servicios de forma gratuita, financiados gracias a las donaciones de toda la comunidad.